Psicología Raquel Parra

La felicidad. ¡Me la pido!

En muchas ocasiones, nos cuesta decidirnos entre lo que nos gusta o apetece y lo que realmente nos interesa y hace bien.

¿Te ha pasado alguna vez?

¿Te has encontrado en esta situación  de indecisión o duda para elegir aquello que realmente te conviene?

A mí sí. Muchas veces, en diferentes etapas de mi vida y con variados ejemplos, me ha faltado claridad para escoger lo mejor.

¿Y por qué ocurre esto?

Poner los ojos en nuestra felicidad, en aquello que nos ayude a alcanzarla no siempre es tarea fácil y sencilla.

Comprar, comer, beber, jugar, consumir sustancias, relaciones con dinámicas poco saludables,…

¿Qué nos hace inclinarnos hacia aquello que en muchas, en la mayoría de las ocasiones, sabemos que no nos conviene?

¿Cómo es posible que nos autopersuadamos, nos dejemos seducir y vayamos en nuestra contra, de nuestros propios intereses, equilibrio, bienestar y felicidad?

En nuestro cerebro hay entre otros, dos neurotransmisores que juegan un papel clave en la sensación de bienestar. Se trata de la Dopamina y de la Serotonina.

El equilibrio bioquímico y eléctrico de nuestro cerebro es algo muy delicado y no es necesario ser un experto en la materia para saber que es vital no alterarlo si no es de forma responsable y con la ayuda de un especialista.

En algunas ocasiones, podemos recurrir a fármacos que administrados por un profesional de la salud pueden ayudar a lograr una línea base.

El consumo de algunas sustancias como por ejemplo, el tabaco o la cocaína, desencadenan en nuestro cerebro una mini dosis de dopamina y de ahí, la sensación de placer.

Algunas conductas que realizamos de forma compulsiva como por ejemplo, compras innecesarias, comer, jugar apuestas, llamar o buscar relación que tiene una dinámica tóxica,… Este tipo de comportamientos aparentemente normalizados y que todos en mayor o menor medida hacemos, persiguen en parte, esa descarga de dopamina y se ven reforzados para la siguiente vez conformándose un círculo vicioso. Es importante que tengamos en cuenta de que no se trata de absolutos, sino de un contínuo. Por ejemplo:  del 1 al 10, ¿cuánto de impulsivo tiene… ?

Aquí, te facilito una imagen que he creado para tí con algunas pistas que te ayuden a ver la diferencia.

Por otro lado, si contemplamos las últimas investigaciones en neuroplasticidad neuronal, éstas explican cómo es posible modificar las conexiones neuronales y mejorar su funcionamiento en la edad adulta.

A mí, particularmente me apasiona esta línea pues abre la esperanza de sanar, mejorar, crecer y desarrollarnos felices incluso con estructuras cognitivas muy arraigadas ya en la edad adulta.

Más arriba he dicho que existen un tipo de conductas que persiguen en parte esa mini dosis de Dopamina. En parte. Desde mi experiencia profesional, estoy cada vez más convencida que cobra más y mayor fuerza darnos cuenta qué emoción intentamos cubrir.

-¿Se puede desaprender aquello que no nos sirve? 

-Por supuesto que sí.

-¿Cómo?

Reprogramando, reestructurando y dándole fuerza, intensidad y repetición a lo nuevo hasta que lo viejo se vaya desvaneciendo.

Este punto de mira integral  contempla la salud como el equilibrio entre mente, cuerpo y sus emociones.

Aquí te atajo un enlace a un post antiguo -sigo pensando lo mismo- que aborda las necesidades humanas.  “cuidate-y-cubre-tus-necesidades❤

Los pensamientos junto con la narrativa crean las emociones y éstas alteran e influyen en la bioquímica de tu cerebro, de tu cuerpo. De ahí sale todo. Desde nuestra postura, tensión muscular, respiración, modulación voz, la forma de comer, de relacionarnos,…

 

Estáte atenta las próximas semanas porque estoy terminando de preparar material precioso para un Reto de crecimiento emocional, totalmente gratuito.

 

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Muchas gracias.

Que crees un bonito día,

Raquel Parra