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¿Quién eres tú?

Érase una vez…

Hace unos días, en el parque de al lado de casa al que solemos ir cada tarde, sucedió una cosa tan normal y cotidiana como mágica y reveladora.

Yo estaba sentada en un banco con mi hija pequeña que dormía en su carrito tomando el solecito de la tarde. A lo lejos, veía a mi otra hija mayor jugar con otros niños. Les escuchaba palabras sueltas y disfrutaba viéndoles trasvasar la arena de un cubo a otro, elaborando exquisitos pasteles, innovando caminos, creando volcanes,…  Pero no es de este fantástico mundo mágico de lo que te quiero hablar ni tampoco de cómo disfrutan tan sólo con estar al lado uno de otros sencillamente compartiendo espacio de juego ni de cómo van creciendo, cooperando, negociando,…

De repente, vi cómo mi hija se puso en pie, ceño fruncido, tensó y estiró sus brazos alargándolos hacia el suelo y apretando puños para rápidamente a continuación, cruzarlos en un autoabrazo. Su boca apretada y labio inferior sobresaliendo (pucheritos que llamamos aquí) anunciaban su gran frustración, tristeza, enojo y las lágrimas que pronto asomarían y rodarían  por sus polvorientas mejillas: “¡nunca más en la vida soy tu amiga, nunca más!” – Gritó marchándose con firmeza, cabeza baja, mentón contra pecho.

Mientras caminaba hacia mí, su pechito palpitaba hasta que tomó una bocanada de aire para calmar la respiración entrecortada. Lloró. Una vez a mi lado, bebió un poco de agua que le ofrecí,  le limpié el rostro y los ojitos.

Imagino que la escena que viene a continuación os resultará familiar y ya casi la adivináis😍😜

Efectivamente, en menos de cinco minutos ya estaba inmersa de nuevo en el juego compartiendo entusiasmo, sonrisas, nuevas aventuras y tesoros.

Y es que los niñs están conectados con su ser esencial y por ello, triunfa el amor, la alegría, el disfrutar,…

¿Te acuerdas de tu juego favorito? ¿Y de las risas que explotaban cuando estaban a punto de descubrir tu escondite? ¿Y de lo extremadamente divertido que era correr, saltar, chillar o nadar? ¿Y cuando salías del agua cristalina un día soleado de poniente y al sentir el frío fuera del agua te revolcabas por la arena que casi quemaba?

Te invito -si te apetece- a que pongas tus propios ejemplos de aquello que tanto te gustaba😍

Que hiciese frío o calor, soleado, nublado o ventoso,  tuviéramos la mejor compañía, la aprobación y cariño o no, no nos impedía aprovechar al máximo cada momento por cortito o breve que fuera. Fuertes, prácticamente invencibles teníamos un superpoder: soñar, inventar y desear con todas nuestras fuerzas pasarlo bien!

Cuando te sientas enojado, triste, tengas miedo o incluso “desesperada” como nos canta🎤 Marta Sánchez 😱🤣, recuerda que tú no eres eso.

Las emociones están hechas para ser sentidas y transitadas🍃

Ellas vienen y van si las gestionamos adecuadamente🌊🏄💕

¿Cuál es tu superpoder? ¿Y si lo supieras?

Que crees un bonito día!

 

 

 

 

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