Psicología Raquel Parra

Vuelta a casa

¿Te pasa que a veces te sientes insegura, desanimada, triste o enfadada por una situación injusta?

¿Te perjudica, preocupa o asusta la actitud de algunas personas o de algún familiar?

¿Te gustaría saber, comprender y empezar a solucionarlo? ¿De verdad?

¡Vente conmigo!

Vamos a imaginar que tenemos un talento especial, una habilidad rara y que resulta que podemos ver al otro en su lado más íntimo y, que con un poco de concentración y calma, logramos fácilmente imaginar o intuir su historia, comprender desde el corazón y aceptar.

Aceptar no es resignarse.

Aceptar no es disculpar ni justificar ni por supuesto aprobar.

Aceptar es descansar, sacudirnos, descontracturar y liberarnos de lucha o resentimiento.

¿Preparada? ¿Empezamos?

Aceptar a nuestros hijos/as tal cual son y cubrir sus necesidades y ganas de moverse, saltar, chillar, cantar, abrazar, hablar, sentirse escuchados, jugar, besar,… Ahí empieza todo.

El haber sido aceptados tal y como somos y respetadas nuestras necesidades llevará consigo que luego en etapas posteriores, nos aceptemos a nosotros mismos, que tengamos claridad a la hora de elegir, que sepamos lo que nos gusta, lo que queremos, que nos desenvolvamos con confianza, que nos relacionemos con los demás de forma saludable y que conectemos y respetemos a nuestros hijos/as,… Y vuelta a empezar!  

Tu manera de ser, de estar, de relacionarte, tu energía -las emociones vibran- atraerán a personas con energía parecida a la tuya.

En muchas ocasiones, las personas y situaciones que tenemos a nuestro alrededor no son más que un espejo, un reflejo de nuestro interior.

¿Un reflejo? ¿Qué quiere decir esto?

Con esto, a donde te quiero llevar es a que cojas la sartén por el mango y le des la vuelta a la tortilla, que te sientas capaz e ilusionada por convertir las amenazas en maravillosas oportunidades para tí.

Las personas nos movemos por 2 principios: placer y dolor. Es bien sencillo: evitamos el dolor y nos acercamos al placer.

Para que realices un cambio que implique salirte de tu zona de confort, es necesario cuanto menos cierta incomodidad.

Es por ello, que aunque mientras estás atravesando el dolor, no lo veas, luego, cuando hayas superado, transcendido y comprendido, agradecerás el valioso aprendizaje gracias al empujón.

La persona que te empuja, que te está fastidiando, en realidad no sabe nada de todo esto que te estoy contando.

¡¡Ni se lo imagina!!

No actúa contra tí, no eres tan importante ni ella tiene esa conciencia. Sencillamente, se deja llevar y obedece a su forma de estar y de relacionarse en general y cuando encuentra alguien que es su otro lado de su moneda, se encuentra en su salsa.

¿Te gusta volar? 
 
Ajústate las gafas que despegamos. Desde allá arriba, a vista de pájaro, veremos el territorio, el escenario completo. ¡¡Vamos allaaaá!!
 

Resulta que tanto el extrovertido y divertido  como  el tímido y poco sociable pueden ser las diferentes caras de la misma moneda.

De la misma forma, el super estudioso y responsable frente al rebelde pueden ser las diferentes caras de la misma moneda.

Y el perfeccionista y ordenado frente al desorganizado, más de lo mismo.

El promiscuo y adicto frente al reprimido, también.

El controlador frente al sumiso y obediente también…

Todos ellos, son las diferentes caras de la misma moneda y se complementan.

Todos ellos fueron, fuimos niños/as que en búsqueda de la aprobación y la necesidad de formar parte , de sentirse queridos, se alejaron de su ser esencial, de su verdadero yo -Alfred Adler-.

Se trata de responder a “¿ A qué tuvo “fulanito” que recurrir para conseguir que le hicieran caso,  formar parte, sentirse reconocido, valorado y querido?”  o “¿A qué tuvo que renunciar?”

Y es ahí, en esa tierna infancia, en la que el niño se mueve por el impulso, por el profundo deseo de aprobación y donde se pondrán en marcha recursos, mecanismos y habilidades que irán conformando su personalidad, modo de relacionarse y de ver el mundo.

Ahora, vamos a sobrevolar tu mapa, sin esfuerzo, sin agitar las alas, planeando…

¿Qué personaje es el que te  molesta tanto?

¿Quién eres tú pues?

Tú eres con él y él no puede ser sin tí.

Ahí está la clave mi querida amiga.

Te invito a que con coraje, valentía y honestidad respondas cuánto de … tienes TÚ. Se trata de contínuos, ¿Del 1 al 10, cuánto de… eres tú?

Sé que cuesta cambiar el discurso a primera persona del singular. Te has salido de tu zona de confort, es algo nuevo para tí, sólo eso. Vas bien!!

Y, ya vamos a ir aterrizando suavemente y con firmeza de este vuelo revelador casi mágico.

Si  somos capaces de aceptarnos, aceptaremos al otro.

Juzgar, criticar, estar en clave de queja, faltar el respeto intentando cambiar al otro o forzarle en su proceso, todo eso ya no nos sirve.

Y, por supuesto, tampoco sirve ya echarle la culpa a otra persona, a la sociedad o al mundo cruel. Ahora tú eres adulto, maduro, responsable y te adueñas de tu vida. Y eso significa que el “otro”da igual. Da igual. Lo importante eres tú, las decisiones que tomas y cómo las pones en marcha.

Se acabaron las excusas querida.

Te va a atrapar algo muy  interesante que no veías y que tiene tanto que contarte: .

En cuanto inicias este proceso de contacto, inicias también la vuelta a casa.

Las personas somos y nos desarrollamos en relación y en contacto con el otro. Nos conocemos en contacto con el otro.

La vida es generosa y ofrece una y otra vez oportunidades para mejorar. En esto consiste esta maravillosa aventura.

Un paso, otro paso…

Te garantizo que está todo perfecto, que está todo bien, y no hay nada que temer. Aceptar la incertidumbre y la confusión está más cerca de la verdad porque es la sencillez de la vida.

El único temor, bajo mi humilde punto de vista es quedarse estancado, no atreverse, negar las emociones, mirar a otro lado, rechazar que las cosas y la vida son para tí. Aunque esto, también formaría parte del camino. 

Cada flor necesita su tiempo para florecer.

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Un saludo,

Que crees un bonito día.

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